LA MADERA

 

"La buena madera no crece con facilidad. Cuanto más fuertes los vientos, más fuertes los árboles."

                             William Marriott.

 

La madera es un recurso natural cuyo empleo en el proceso constructivo es sobradamente conocido, por su abundancia y por su buen comportamiento a los esfuerzos que exige su uso en la construcción. De la madera se obtiene la carpintería de armar de las viviendas de las clases sociales que viven del trabajo manual y de las mansiones aristocráticas, los artesonados de los palacios de la realeza y las sillerías del coro de las catedrales.

 

Sintamos su gravitación material, que todavía conserva el temblor de la vida. Palpemos su piel, suave si lijada, rugosa si todavía en bruto, y percibamos, merced a un tacto nouménico, el encanto de una íntima leyenda que insiste en ser contada.

 

El relieve de la savia dormida en los nudos, el mapa de las vetas que dibujan senderos perdidos en su propio laberinto, el estremecimiento de un relámpago que ilumina el corazón de las tinieblas.

 

La madera torneada, suave al tacto, se deja acariciar como una mejilla. Mantiene aún el rescoldo de la vida en su núcleo interior, en la memoria del verano que la entibia por dentro. La madera aserrada en las carpinterías libera los aprisionados aromas que dan cuenta de sus distintos linajes, que individualizan los perfumes provenientes de los troncos desangrados o de las raíces ciegas, prisioneras de la gravedad.

 

De esa madera de pino, de sicomoro, de sándalo, de cedro del Libano, de palo santo, de laurel, de terebinto, de boj, de enebro, de arboles cuyos nombres se han olvidado y de otros que solo los pueblos de las florestas conocen y reverencian, brotaron, esculpidas por manos toscas y almas delicadas.

Daniel Vidar

 

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