LA PIEDRA

 

“La arquitectura es una música de piedras y la música, una arquitectura de sonidos”

Ludwing Van Beethoven

 

El oficio de la cantería sigue vivo en nuestros talleres. Mantenemos la tradición y el contacto directo con los instrumentos de trabajo, que el cantero, antaño, comprendía perfectamente. Tratamos de que no se pierda el aspecto puramente humano, el que tiene que ver con la actividad comunitaria del trabajo.

 

Es un proceso que comienza con la elección del bloque de la piedra a trabajar, seleccionando el del “banco bueno” de la cantera, pasando por el transporte desde la cantera al taller, teniendo presente el antiguo oficio de carretero, cuando todo el pueblo se unía para trasladar la piedra. En nuestro taller disponemos de los medios de izado y transporte de los bloques para colocarlos en la posición idónea para realizar la labra, que es donde comienza el proceso creativo.

 

Y es que los verdaderos canteros, antes de hincar el cincel a la piedra, la miran de reojo, le hablan, coquetean, enamoran, acarician…., “hasta que aceptan quitarles el velo y otros flecos, para mostrar impúdicamente todo el esplendor y la belleza de su alma”.

 

El cantero debe aportar al proceso, además del conocimiento de la técnica, un plus de emotividad con el sentimiento de artista, por eso la cantería requiere de conocimientos necesarios para darle a la piedra un aspecto elegante y original, que exige el uso de herramientas antiguas y manuales, en lugar de la realización industrial.

 

En la mesa de nuestros talleres, como en todo buen artesano, se encuentra el trinchante, una de las herramientas más antiguas, propia del románico, con forma de hacha de dos filos dentados, usada para dar la última labra a la piedra con trazos alargados y limpios. También están el escafilador, para seccionar las piedras; el cincel, que da forma a las esquinas; y el puntero, para labrar los recovecos internos.

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